La irrupción intempestiva del COVID-19 a nivel global produjo sin lugar a dudas una ruptura transcendental en la vida cotidiana de millones de personas. Los cambios en las rutinas laborales, sociales y familiares no solo que fueron imprevistas, sino traumáticas. En cuestión de horas el mundo tal y como lo conocíamos comenzó a transitar una transformación sin precedentes impactando en los diferentes sistemas de la sociedad. Uno de ellos es el sistema educativo que se encuentra en una encrucijada dónde deberá repensar y repensarse en un mundo dónde la única certeza que tenemos es la del cambio permanente. ¿Cómo preparar a nuestros niños y jóvenes para un mundo con transformaciones sin precedentes?

Cronología de una crisis anunciada

En la provincia de Santa Cruz, a pocos días de haberse iniciado el ciclo lectivo 2020 más de cien mil estudiantes de diferentes niveles y modalidades del sistema educativo provincial se vieron impedidos de asistir a las escuelas luego que el Presidente de la Nación, Alberto Fernández dictara el aislamiento social, preventivo y obligatorio como medida excepcional a partir del 16 de marzo.

En un inicio de ciclo lectivo con controversias, los gremios docentes (AMET-ADOSAC) ejecutaron un paro de 48 hs. durante la primer semana de clases, controversia que siguió cuando el Consejo Provincial de Educación cesanteo a casi un centenar de cargos docentes que se adhirieron al paro y se profundizó cuando en medio de la situación provocada por el Coronavirus, se suspendieron las clases ordenando que los docentes continúen concurriendo a sus lugares de trabajo para mantener actividades administrativas y de planificación curricular con objeto de “no perder el contacto pedagógico”.

En ese contexto, desde ADOSAC manifestaron su postura observando una contradicción con las medidas dispuestas a nivel mundial para cumplir sus funciones aduciendo que el Consejo Provincial de Educación “pone en riesgo la salud y la vida de todos. Ya que es de público conocimiento que las escuelas en nuestra provincia carecen de condiciones de salubridad, insumos de limpieza y las condiciones de infraestructuras son lamentables”.

El fenómeno mundial producido por el coronavirus nos atrapó desprevenidos, en un momento dónde el sistema de salud y educación se encuentra con las defensas bajas, con una crónica de falencias estructurales y un proceso de fragmentación dónde las medidas serán insuficientes para contrarrestar años de desinversión, falta de capacitación y diseño de contenidos curriculares significativos para equilibrar el mundo educativo con el mundo del trabajo.

¿Y ahora qué hacemos?

En un momento histórico como el actual, la escuela se encuentra en una encrucijada. En primer lugar, se continúa reproduciendo esa tendencia de “no perder el contacto pedagógico” enviando una larga lista de tareas que apuntan a introducir como si fuera un chaleco de fuerza contenidos por el mundo virtual para cumplir con los objetivos académicos. Situación que está dejando en muchos niños una presión innecesaria en tiempos tan críticos, y por el otro se exige a docentes tareas para las cuales no han sido preparados, que a su tiempo sobrecarga a las familias de una tarea pedagógica que los excede.

En segundo lugar, la ilusión que nos da el uso de las “Nuevas tecnologías” para hacer de cuenta que los niños aprenden, mientras nosotros los docentes “hacemos de cuenta” que enseñamos genera una ilusión dónde el proceso de enseñanza – aprendizaje se mide en términos de cantidad y no de la significatividad en un conocimiento que sea de relevancia para enfrentar la realidad real de los tiempos que corren.

Aunque esta situación, no es generalizable a todo el sistema educativo en profundidad, es lo que ha prevalecido en las últimas semanas dónde más de cien mil estudiantes santacruceños se encuentran experimentando un fenómeno extraordinario. Por un lado, la desconexión entre sistema educativo y aprendizajes significativos como una deuda pendiente que se refleja en múltiples variables (el desigual acceso a las herramientas de información, las desigualdades expresadas según sea educación pública o privada, las diversas realidades familiares, etc.).

Por el otro, un hecho transcendental que se invisibiliza por completo que es el simple hecho de que más de cien mil estudiantes santacruceños de cada punto de la provincia, con diferentes realidades económicas, sociales, culturales y familiares está atravesando uno de los momentos más difíciles en la historia mundial de los últimos años, que es transitar una pandemia de estas características.

Cabe preguntarse entonces ¿Es necesario bombardear de tareas a diario para que no pierdan el contacto pedagógico? ¿Estamos como santacruceños pensando las políticas educativas del futuro en un contexto que invita al relacionamiento digital?

Hacia una pedagogía de la esperanza

Para finalizar, quisiera concluir una idea central. En primer lugar, no es el momento de producir mayores fragmentaciones ni desintegración a un sistema educativo ya desintegrado. Hoy, no es momento de enfrentar las deudas del pasado. Considero, que tampoco de confrontar. Todos sabemos cuáles son las deudas pendientes de uno y otro lado. Pero quisiera no perder de vista que el sujeto de la educación por excelencia del sistema educativo son nuestros estudiantes. Ellos son el corazón de nuestra tarea pedagógica. Es por ello, que como equipos de gestión, docentes, familia y actores de la vida educativa deberemos fortalecer la militancia pedagógica de la esperanza en los términos propuestos por Paulo Freire ya que “La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Se debe apuntar, en un momento de crisis a generar nuevas oportunidades pedagógicas. Redefinir una nueva forma de enseñanza, en un contexto dónde el desafío de educar en un contexto extraordinario sea construyendo nuevas formas de encuentros para lograr atravesar el trauma con ternura y esperanza.

Por Laura Córdoba para www.etnograficas.com.ar

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