Hoy es nochebuena en la Patagonia Austral. Algunas gotas se escapan del cielo para recordarnos sin lugar a dudas que siempre a pesar de los años, el clima es el gran protagonista en nuestras festividades. ¿Recordás dónde estabas el año pasado? ¿Tenés atesorado en tu memoria esos deseos que en silencio pediste y que aún no se cumplen? ¿Te despertaste hoy pensando cuando fue la última vez que pudiste abrazarla?
Escuché en los últimos días «Navidad ya no es como antes» y recordé esas palabras de una sabia mujer «Cada vez que armo el arbolito me invade un sentimiento de profundo amor. Porque nunca sabremos cuando será nuestra última navidad». Hoy, cierro los ojos repasando cada detalle que fuí viviendo durante el año comencé a pensar en estas fiestas y a pesar de ese nudo en la garganta que me invade, abro mi corazón de par en par y lo recibo con alegría, paz y esperanza.
El desempleo, la pobreza y la angustia se han apoderado de nuestro país en estos últimos cuatro años. Vecinos, amigos, compañeros buscan horizontes que les permitan volver a creer en el futuro. Un futuro de trabajo, dignidad y fortaleza. ¡Pero qué difícil nos han dejado el camino nuevo por recorrer!
Comienzo a recibir el cariño de muchas personas que forman parte de mi historia, que han dejado huellas y grandes enseñanzas. Me han contado sus sueños, me han ayudado en mis noches inciertas a salir de la oscuridad. Esa oscuridad que muchos hemos transitado en los tiempos difíciles. Y es navidad otra vez. Luchamos a diario por defender la alegría, por el plato de comida, por los proyectos que nos alimentan y por un amor que nos ilumine la mirada.
Buscamos incansablemente en estos tiempos de velocidades despiadadas, encontrar un lugar que nos brinde paz, seguridad y nuevos sueños para crecer. Hoy la navidad será una celebración más, un momento de incertidumbre y para muchos de una gran desdicha. Pero a su vez, nos empuja a renovar la paz en nuestros corazones, permitirnos una vez más pensar que mañana será un nuevo día y que nuevas oportunidades vendrán.
La magia de los niños en creer nos invita a renovar ese sentimiento que nos transporta a nuestra propia infancia. Las noches de calor, la ansiedad por saber que obsequio nos espera y esa emoción a flor de piel que estalla cuando salimos todos apresurados a mirar los fuegos artificiales. Y ella (que siempre esta presente en mi alma). Sus centros de mesa improvisados a último momento eran sorprendentes, el melón con crema y la sonrisa que llevo hasta la eternidad. Esa frase que soñé hace algún tiempo que hace de mis días un lugar hermoso: «Sonrían. Yo los espero con el corazón abierto».
Hoy es navidad. A pesar de las adversidades de la vida, de las ausencias y las dificultades. Alcemos nuestros sueños, miremos alrededor a quienes nos aman, abracemos ese momento en que el reloj marque las doce. Respiremos hondo. La vida es ese instante que dura dos segundos, abramos el corazón y recibamos esta navidad con profunda esperanza y gratitud. El destino siempre teje a su suerte, nunca sabremos cuando será la última.
A todos aquellos que hacen de este mundo, un lugar mejor ¡Feliz navidad!
Afectuosamente
Laura