Mamá ¿Quién es Evita?

Con un tono casi desafiante, en sus cortos años me pregunta (así, de la nada) quién era la mujer de sonrisa desafiante que adornaba con sus fotos, libros y retratos la cálida oficina que fue redecorada gracias al clima pandémico por el que atraviesa el mundo entero desde hace casi cien días.

¡La abanderada de los humildes! ¡Jefa espiritual de la nación! le relataba con poco entusiasmo. Nació el 7 de mayo de 1919 con el nombre de Eva Duarte, pero el pueblo la llamaba “Evita”. ¡Fue una mujer muy importante de la historia porque marcó un antes y un después en la vida política de nuestro país y del mundo entero!

Provenía de una familia humilde del interior de la provincia de Buenos Aires. Fue actriz y conoció a Juan Domingo Perón en un acto solidario celebrado en San Juan luego de un terremoto y nunca más se separaron.

Con los ojos expectantes, estaba atenta a mi relato mientras comía lentamente unos caramelos que encontró en el cajón. En tanto, yo me acomodaba el cabello y comenzaba a cruzar las piernas buscando una posición más cómoda para ese momento inesperado.

Pero, ¿Y qué pasó después mamá?

Bueno, después con el tiempo Perón llego a ser Presidente. Como es hoy Alberto Fernández, toman decisiones para los millones de personas que habitan en el suelo argentino. Eran años de muchos vaivenes políticos y sociales. Muchos cambios. En esa época, nuestro país era reconocido como el “Granero del mundo”, ¡porque nuestras materias primas podían alimentar al mundo entero!!

Bah, quizás exagero. La cosa fue así. Perón llegó a ser Presidente y Evita fue su compañera. Pero no una compañera común, ella enfrentó intereses muy poderosos para conquistar derechos muy importantes para las mujeres. ¡Imagínate! Hoy, que nos cuesta tanto hacer valer nuestros derechos. Imagínate en ese tiempo, por eso muchas mujeres que nos identificamos con el peronismo la amamos. Porque dejó huellas, su legado permanece intacto a pesar de los tiempos.

Ay! Mamá! ¡Qué exagerada!

No, como que exagerada. ¡La mentira se puede decir, pero no se puede hacer! Tomé un libro de la biblioteca dónde tengo anotaciones de pensamientos que me gusta mantener presentes, y le comencé a leer pausadamente:

“… No puede hacer amor donde hay explotadores y explotados. No puede haber amor donde hay oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables. Porque nunca los explotadores pudieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad. El día del amor y de la paz llegará cuando la justicia barra de la faz de la tierra a la raza de los explotadores y de los privilegiados, y se cumplan inexorablemente las realidades del antiguo mensaje de Belén renovado en los ideales del Justicialismo Peronista:

Que haya una sola clase de hombres, los que trabajan;

Que sean todos para uno y uno para todos;

Que no exista ningún otro privilegio que el de los niños;

Que nadie se sienta más de lo que es, ni menos de lo que puede ser;

Que los gobiernos de las naciones hagan lo que los pueblos quieran;

Que cada día los hombres sean menos pobres y que todos seamos artífices del destino común”.

Este mensaje fue para la navidad de 1951, todo el pueblo lo escucho por la radio. ¿Entendes ahora porque Evita fue una revolucionaria para su tiempo?

Ah, sí mamá eso sí, pero ahora no entiendo. ¿Qué es eso que le dicen la oligarquía? (pregunta con cierta risa burlona)

La oligarquía es… (haber). ¿Cómo te explico que es la oligarquía? Técnicamente es un sistema de gobierno en la que el poder está en manos de unas pocas personas que pertenecen a una clase social privilegiada. Como por ejemplo los ricos que son muy ricos y no dejan que los pobres puedan tener sus mismos privilegios (algo así).

Bueno, entonces cuando Eva habla de que va a llegar un día del amor y la paz quiere decir que ese día seremos todos iguales. Por eso habla de justicia social. Que es algo muy importante.

Pero no todo fue amor en la historia de Evita. No todos amaban a Evita, algunos hasta la odiaban. Es, que ella ayudaba a los pobres, y eso muchas veces incomoda. ¿Cómo era posible que los pobres tuvieran derechos?

Los pobres, los humildes, los descamisados, los cabecitas negras eran muchas veces personas del interior, como nosotras que vivimos en la Patagonia. Muchos migraban a Buenos Aires en esos años en busca de un futuro mejor para sus hijos.

Ya mostrando mi inocultable emoción en el relato. Buscando las palabras alejadas de los rebusques académicos y frases repetidas intentaba transmitir no sólo quién fue Eva Perón. Sino lo que significa en mi vida.

No puedo evitar pensar en estos momentos de gran incertidumbre, desconcierto y tristeza en la fuerza que Evita portaba en su delgada figura. Ese legado de humanidad, de entereza, pasión y visión de futuro inundaron esta tarde gris y ventosa de esperanza y amor.

Sabemos que quienes tienen la exigencia del legado de la responsabilidad de la vida política deben realizar un doble (o triple) esfuerzo. Pero, como ciudadanos de este país creo que hoy debemos demostrar que podemos ser un poco Evita, que podemos ser más solidarios, más justos y más humildes.

En tiempos de pandemia el hambre no espera. Es un tiempo de ponernos al frente de las necesidades de los más vulnerables. Por más simples o insuficientes que sean los actos que realicemos, para ellos un plato de comida caliente en el comienzo de un frio invierno es el mundo entero.

A 101 años de su natalicio, la llama del amor que Eva Duarte de Perón ha legado en el corazón y el intelecto de las mujeres que somos protagonistas de un nuevo tiempo, es innegable.

Mientras mi atenta entrevistadora comienza a mostrarse inquieta, los papelitos de los caramelos fueron quedando sobre la mesa y la tarde emprende una repentina retirada nos acomodamos para ir a descansar en una nueva jornada del aislamiento social y obligatorio. Dónde el tiempo transcurre lentamente, con el pesar de los días, con la incertidumbre del futuro.

Mamá. ¿Me contas otra vez la historia de Evita?

Por Laura Córdoba

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