Con la llegada de una nueva primavera en el extremo sur del continente en coincidencia con un respiro que nos está dando la pandemia, uno de los valores culturales que comienza a resurgir en los caletenses es la salida obligada por las cercanías. Con caminatas por la meseta, entrenamientos, paseos y las actividades deportivas al aire libre la naturaleza nos invita a disfrutar el atractivo más sobresaliente de nuestro entorno: el mar patagónico.

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Con sus tonos azul celeste, el mar suele confundirse muchas veces con el cielo en los días claros. Cuando baja la marea “Las roquitas” nos sorprende siempre con nuevos colores. La geología de la costa se funde con el mar y los verdes de las capas de la tierra emergen para obsequiarnos esa imagen que se graba en nuestra memoria. Repleto de momentos de emoción, alegría y amores clandestinos, que se mezclan en la memoria con esos instantes de tristezas infinitas. Momentos donde buscamos ahogar en el mar secretos que serán sumergidos hasta la eternidad. En los días de verano, la playa que abraza al histórico barrio Mar del Plata en el ingreso norte de la ciudad se ve repleto de familias que arriban desde las barriadas para disfrutar de sus aguas, la sombra de sus contornos con el mate a mano, unas galletitas y los amigos perrunos que nunca nos faltan.

Playa Los Roquitas. Acceso Norte Caleta Olivia. Etnográficas, 2021

Enfrente, la meseta. Una tierra que recorremos desde que nacimos. Desde que llegamos de otros territorios a habitar esta ciudad. La puerta de entrada a Caleta Olivia nos da la bienvenida a nuestro hogar. Tras haber recorrido los casi 80 km de la ruta olvidada, una ruta de muerte se compensa con el paisaje del mar afrodisiaco que brilla con intensidad cuando el sol comienza a asomar en sus primeros rayos. La naturaleza de nuestro lugar en la pospandemia nos conecta con la profundidad de nuestros sentimientos más ocultos. Sueños, deseos, esperanzas. ¿Cómo no amar la inmensidad de esta tierra regada por nuestras lágrimas? Allí, dónde respiramos cada tarde, como si fuera la última vez. Mirando al horizonte, perdiéndonos en misterios inexplicables para volver a encontrarnos.


La inmensidad de las playas del sur

Bahía Lángara, Barco Hundido y Las Golondrinas son las playas más conocidas al sur de la ciudad. A lo largo de esos 35 km. que distancian Caleta Olivia con El Barco Hundido también se encuentran las playas conocidas como Lancha de Agüero, El Cruce, La Zaranda, SUPE y Los Sauces. Cada una tiene su impronta, sus historias y singularidades. Una más alejadas de la costa que otras, algunas son mejores para pescar, otras para caminar, para hacer un asado o simplemente para tomar unos mates mirando la nada. Nuestras playas caletenses nos remontan a historias tristes del pasado, pero también a esas celebraciones de fin de año donde todos estamos bajo el mismo sol, pisamos la misma arena. Como patagónicos aprendimos a transformar las debilidades en fortalezas y a la falta de servicios e infraestructura en nuestras costas la aprendimos a compensar con el gozo de una naturaleza salvaje con playas de arenas interminables en su estado puro y nos dejamos sorprender por los detalles que la flora y fauna nos regalan en cada centímetro del lugar.

Ingreso Reserva Natural Barco Hundido, Etnográficas 2021

“Las Golondrinas” es una playa que se destaca por la extensión de unos 4.500 metros de arena fina en sus costas. Rodeada por balancines petroleros, mejor conocidos como “cigüeñas” por su constante movimiento entre la tierra y el cielo. Cuando la marea está alta, el aire de mar se une con las olas. El sonido de la naturaleza solitaria nos da un respiro una tarde cualquiera para olvidarnos de los problemas cotidianos, del precio de la carne, la suba del dólar y el covid. ¿Acaso existirá un lugar más cercano al cielo que este?

Playa Las Golondrinas, Etnográficas 2021

Con un parque de juegos con materiales reutilizados, muchos provenientes de la industria petrolera, la puerta de entrada a “Las Golondrinas” es un invitar a jugar, a soñar y distenderse. La sal del mar, el frio del agua nos abraza los pies. Se pueden observar jugar diferentes tipos de aves, incluso en los días fríos pequeñas golondrinas salen con el ocaso. Son aves que revolotean entre el sonido del mar y el silencio de la tarde. Y así, poco a poco el atardecer se comienza a apagar marcándonos el camino de regreso.

Vista panorámica, Barco Hundido. Etnográficas 2021

A pesar de la suma de los días. Afuera la economía se cae a pedazos, la incertidumbre por el poscovid, las ausencias. Esas dolorosas ausencias que nos restaron años de vida. A pesar de la pandemia, cuando baje la marea quiero que estés ahí. Quiero verte sonreír en el agua esos días de verano. Quiero verte con tus seres amados compartiendo el privilegio de la vida. Cuando baje la marea quiero verte ahí, juntando sombreritos y quemándote al sol porque te olvidaste el bronceador.

Cuando baje la marea quiero estar ahí. En los días de verano caminar tus senderos. Sentirme afortunada por esos instantes de libertad. Sentir los pies descalzos en la arena. Saborear la sal del mar una vez más. Contemplar nuestros cielos interminables y agradecer. Agradecer por los papelitos no tirados en el camino, el cuidado del ambiente natural y la toma de conciencia de dejar ese lugar mejor de cómo cuando llegamos. Las arenas de una playa desnuda en medio de la pandemia. La inmensidad del océano atlántico. Nuestro lugar en el mundo.

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