En esta edición presentamos a Julieta Baeza, ella una mujer que encarna la fuerza de la solidaridad femenina en la industria minera. Su liderazgo no se centra en lo individual, sino en tender puentes para que otras mujeres accedan a trabajos dignos, salarios justos y el reconocimiento pleno de sus derechos. Esa convicción convierte su historia en un ejemplo colectivo: “cuando una mujer abre camino, muchas otras pueden transitarlo”.
Julieta: una profesional de carrera
La historia de Julieta Baesa (35 años), trabajadora minera en el Proyecto Cerro Negro (propiedad de Newmont) y madre de dos adolescentes (Fiorella de 16 y Santino de 12 años), es un reflejo de esa transformación. Ingresó a la minería hace cinco años a través de un Programa de Pasantías de AOMA, una oportunidad que cambiaría su vida y la de su familia.
Creía que solo podría aspirar a un puesto de maestranza o cocina en un campamento minero. Sin embargo, la vida le tenía reservado otro camino. Hasta entonces había sido empleada municipal, con ingresos insuficientes para proyectar un futuro digno, lo que la impulsó a dar un salto con la certeza de que merecía avanzar.

Esto le significaba reorganizar su hogar y establecer acuerdos de cuidados para acompañar la crianza de sus hijos pequeños, mientras podía avanzar en el desarrollo de una carrera profesional y laboral. Hoy, Julieta es Secretaria General de ASIJEMIN en Cerro Negro, está construyendo una carrera en el área de programación y cursa de manera independiente la carrera de Ingeniería Industrial. Su capacidad para articular vida laboral, sindical, universitaria y maternidad es sin duda, un testimonio de resiliencia.
Al hablar de sus hijos se emociona. Su voz se vuelve suave, sus ojos reflejan esa ternura femenina, en contraste con la dureza que asume cuando “tiene” que ser fuerte. Sus hijos seguramente ven en ella un ejemplo de esfuerzo, dignidad y valentía. Porque Julieta tiene un propósito claro: “Vencer y ayudar a vencer a otras”.
Julieta y el sindicalismo con perspectiva de género
Su vocación sindical nació al involucrarse en las problemáticas de sus compañeras mineras, que no encontraban espacios de defensa frente a situaciones relacionadas con el género. Julieta entendió que el silencio no podía ser la respuesta. De allí surgió su compromiso: abrir un espacio de diálogo íntimo, contención, lucha y representación.
Sus compañeros delegados pronto reconocieron en ella a una aliada capaz de transformar la indignación en acción colectiva. Hoy, desde hace tres meses representa a esas mujeres mineras que, de otro modo, no tendrían voz.

La minería, una industria que desafía estereotipos
La industria minera comienza a dar muestras claras en la ruptura de los “techos de cristal”. Aunque persisten resistencias, el cambio se impulsa desde adentro por mujeres y hombres que dignifican la industria como motor de desarrollo.
Este proceso permite que las mujeres encuentren espacios de crecimiento profesional y personal, demostrando que la minería puede ser también un terreno fértil para la equidad y la paridad.


Una historia de solidaridad y futuro
Julieta Baesa encarna la premisa de un sindicalismo que trasciende la defensa de derechos: es también construcción de comunidad. Su historia nos recuerda que la equidad en la minería y en cualquier industria no se logra con tan solo con retórica o campañas de marketing, sino con acciones concretas: “abrir puertas, sostener redes y transformar estructuras desde adentro”.
El rol actual de las mujeres en la minería y en la acción sindical es un desafío y una oportunidad. Historias como la de Julieta muestran que la lucha por la equidad no es abstracta: es cotidiana, se vive en los turnos de trabajo, en las asambleas sindicales y en los hogares.
Es la lucha por un futuro donde las mujeres no tengan que elegir entre ser madres, trabajadoras o líderes, porque pueden ser todo eso a la vez, con dignidad y reconocimiento. La minería, con sus avances y resistencias, se convierte así en un espacio donde traspasar los límites impuestos es posible. Donde el progreso profesional y personal de las mujeres transforma no solo la industria, sino también la cultura laboral que la sostiene.
Por Magali Sequeira
CO FUNDADORA DE SC GOVERNANCE
Experta en Relaciones con las comunidades y gobernanza participativa – Industrias extractivas, sostenibilidad y desarrollo local en la Patagonia Austral