Al mejor estilo de la renovación que Scaloni imprimió en la Selección nacional de fútbol, Roxana Fernández ha tomado las riendas de Sierra Grande bajo una premisa clara: el éxito no es cuestión de nombres, sino de equipo, preparación, juventud y liderazgos para gobernar. Siendo la primera mujer intendenta, Fernández no llegó para administrar la inercia, sino para resetear el sistema.

Con una “mesa chica” de funcionarias y funcionarios jóvenes y la firmeza de quién conoce el barro de la militancia, su gestión se perfila como el proceso de reconstrucción más ambicioso de la región, transformando el escepticismo heredado en la esperanza concreta de un pueblo que, después de mucho tiempo, vuelve a sentirse listo para jugar en las grandes ligas del desarrollo energético nacional.

Una trayectoria forjada en la voluntad popular

El perfil político de Fernández se distingue por una legitimidad construida paso a paso. Desde sus inicios en la militancia juvenil y su rol como docente y sindicalista, hasta su desempeño como convencional municipal y tres periodos consecutivos como legislatura provincial, su carrera ha estado marcada por el respaldo directo de las urnas.

«Mis cargos siempre han sido electivos», destaca con orgullo. Para la intendenta, haber sido sometida a la voluntad popular le otorga una responsabilidad mayor y una conexión profunda con el vecino. Su liderazgo no es una designación administrativa, sino el resultado de un largo camino de construcción de legitimidad social.

Romper el «Club de Caballeros» con Gestión

Para Roxana, ocupar la conducción de la municipalidad en medio de este auge extractivista no es una concesión, es una conquista. Como ella misma describe, el mapa político y empresarial sigue siendo mayoritariamente de hombres, pero su liderazgo rompe ese esquema.

Su estrategia no es solo «estar presente» en las redes sociales, sino imponer una agenda de proximidad humana en un sector de números fríos como el de la energía. Mientras los CEOs analizan los TIR´s, los flujos de dólares por exportación de crudo y GNL, Fernández traduce esos números en resultados de bienestar social. Su rol es el de articuladora que se sienta a negociar con las operadoras, exigiendo que el 80/20 de empleo y el «compre local» no sean solo leyes, sino una realidad innegociable para su comunidad.

La mirada femenina en la toma de decisiones

Como la primera mujer Intendenta de Sierra Grande, propone un liderazgo que no solo ocupa espacios, sino que abre puertas para formar líderes, CEO’s de gobierno y no outsiders improvisados.

Su gestión se cimienta en la preparación y la convicción. Este enfoque se traduce en acciones concretas: la integración de mujeres en lugares claves de su gabinete para garantizar que el proceso de igualdad no se detenga. Para ella, la política debe dejar de ser un ámbito de estigmatización y volver a ser un espacio que atraiga a las mejores personas, a los mejores cuadros técnicos-políticos y brinde oportunidades a las nuevas generaciones. Ese será su legado: dejar funcionarios preparados para conducir los destinos de la comunidad.

Un gobierno de «Pueblo y futuro»

Su máxima aspiración es transformar el impacto económico en bienestar social: viviendas, infraestructura urbana y de servicios de apoyo a la producción, alternativas de desarrollo con énfasis en el turismo y, por encima de todo, el pleno empleo, es decir, trabajo genuino para la gente.

Roxana Fernández busca sanar las heridas del pasado, gestionando para transformar la riqueza de los recursos naturales en una oportunidad real de crecimiento individual y colectivo.

Punta Colorada, Río Negro

Sierra Grande ya no juega para ver qué pasa, sino para ganar. Si el pasado de decepciones fue el penal que pegó en el palo, la gestión de Roxana representa ese contraataque preciso, trabajado en silencio y con la cabeza fría, que termina en el fondo de la red. La meta del pleno empleo, el desarrollo del turismo y la infraestructura de servicios son el gol de la victoria que el pueblo esperó por décadas.  

Con el silbatazo final de su mandato, la marca que Fernández busca dejar es la de una comunidad que dejó de sufrir el descenso económico para consagrarse como protagonista del futuro energético argentino. El partido está en marcha, y con Roxana en la dirección técnica, Sierra Grande tiene el equipo, la estrategia y el coraje para consagrarse la victoriosa.

La ciudad vive hoy uno de sus mejores momentos. En esta etapa de construcción, donde los picos de demanda laboral pueden generar tensiones, la intendenta actúa como la capitana que ordena el equipo en el campo de juego. Su mayor logro no será la foto con los CEOs de las petroleras, sino que la gente reciba los beneficios reales.

La victoria final para Roxana Fernández no se mide en barriles exportados o en los kilómetros de caños tendidos, sino en la capacidad de transformar el presente en dignidad para los vecinos. Como en ese último gol que define un campeonato, su gestión busca ser el cierre perfecto de una historia de esfuerzo colectivo, demostrando que, en el tablero de los grandes negocios y la alta política, la mirada de una mujer preparada, con propósito y liderazgo, es hoy la pieza que define el resultado.

Por Magali Sequeira

CO FUNDADORA DE SC GOVERNANCE

Experta en Relaciones con las comunidades y gobernanza participativa – Industrias extractivas, sostenibilidad y desarrollo local en la Patagonia Austral

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